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Ante la asamblea

Posted in Artículo, and Reflexión bíblica

Imagina que estás en los últimos días de tu vida. Durante años has acumulado experiencias dignas de ser contadas por generaciones. Te distinguiste por haber sido dotado de una gran sabiduría, fama y fortuna en todos los aspectos. ¿Cuáles serían tus últimas palabras?

La búsqueda de sentido

Salomón, rey de Israel, excedía a todos los reyes de la tierra en riquezas y erudición. De todas partes, venían a él para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón y llevarle caros presentes (1). ¿Qué tendría que decir al final de sus días el hombre más sabio del mundo? Sin duda es una conferencia que no te perderías.

Lejos de terminar su vida con enseñanzas optimistas, Salomón nos sorprende con las primeras palabras de su obra póstuma Eclesiastés (2), diciendo que todo carece de sentido. Desde que sale el sol hasta que se pone, desde que el hombre comenzó a existir hasta nuestros días, la vida no es más que un ciclo repetitivo tan absurdo como querer atrapar el viento. Para desarrollar esta tesis, el autor al que nos referimos presenta un recuento de sus diversas experiencias, las cuales comparten una característica: el exceso. El esfuerzo empecinado en adquirir sabiduría, disfrutar de todos los placeres, acumular bienes materiales, alcanzar fama sin límites, degustar todo arte y trabajar arduamente resulta en vanidad. No lo podríamos acusar de mediocre, muy por el contrario, hizo todo cuanto pudo por encontrar sentido a la vida. Todo… humanamente.

En su reflexión, Salomón incluye poemas que abarcan la totalidad de la vida, como Todo tiene su tiempo (3), que curiosamente concluye con la paz y no la muerte; también muestra las injusticias y desigualdades de la vida, que se presentan una y otra vez a lo largo de la historia en pequeña y gran escala. Instruye con proverbios sobre las relaciones personales y nuestro acercamiento y adoración a Dios. Todo esto para describir la vacía vida debajo del sol, llena de afanes y frustración. De nada le sirve a alguien ser sabio si la muerte le alcanza igual que al necio. En nada aprovecha ser rico si las riquezas pertenecerán a otro. De nada vale el trabajo sin obtener disfrute de él. Todo esfuerzo es inútil.

La respuesta a la pregunta

Conforme nos adentramos en el pensamiento existencialista de aparente tono depresivo que inunda el poema, podemos pensar que la conclusión será igualmente patética: nada tiene sentido. De ser así, el libro en cuestión no tendría pertinencia alguna. Sin embargo, El autor responde la pregunta que la humanidad se ha hecho durante siglos: ¿cuál es el propósito de la vida? El propósito del hombre es temer a Dios y guardar sus mandamientos. Con esta aseveración como base, podemos entonces analizar y comprender la vida y existencia humana.

Dios es quien da al hombre riquezas, bienes y sabiduría. Concede al ser humano el disfrutar incluso esta vida debajo del sol, sabiendo que encima del sol se encuentra una eternidad perfecta y completa al lado del Creador. Advierte el Predicador que el mejor provecho que podemos obtener es vivir bajo los preceptos de la única sabiduría que está por encima de todo, a quien pertenecemos y para quien fuimos creados: Dios. Él es quien ve los corazones y discierne los pensamientos. Nos juzgará al final de nuestros días. Mientras estamos bajo el sol tenemos dos opciones: seguir el curso antropocéntrico de la humanidad, o rendir nuestra vida al Rey del Universo. De esta decisión dependerá nuestra eternidad.

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Notas:

(1) 1 Reyes 10:23-25 (paráfrasis).

(2) Del heb. Qohelet “Predicador”, relacionado con Qahal “Asamblea”.

(3) Eclesiastés 3:1-8.

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