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Cómo trabajar con actores no profesionales

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Los directores jóvenes se ven, con mucha frecuencia, en la necesidad de trabajar con actores no profesionales. Esto no tiene que ser un obstáculo para desarrollarse; al contrario, puede ser una excelente oportunidad para formar las cualidades más valiosas del director teatral.

Para dirigir actores no profesionales y obtener los mejores resultados sugerimos tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

Identificar y reducir las debilidades de los actores

Cada actor tiene sus propias dificultades a la hora de interpretar un papel sobre el escenario. Esto es especialmente cierto cuando se trabaja con aficionados. Lo importante es localizar estas debilidades y minimizarlas por medio de los elementos escénicos.

No se debe exigir al actor alguna tarea en la que no es bueno, se le debe dar mayor asesoría o un trazo más rígido. También es útil apoyar su caracterización por medio del vestuario y maquillaje, así como implementar ambientaciones adicionales por medio de la iluminación, utilería, musicalización y escenografía.

La meta es que las debilidades del actor no sean visibles para el espectador, y, en la medida de lo posible, sean incorporadas al personaje.

Identificar y maximizar las fortalezas de los actores

Más allá de un replanteamiento del punto anterior, lo que proponemos es el desarrollo de las habilidades de cada actor. Para ello es necesaria la observación individual y el análisis para implementar a la obra todas las fortalezas del elenco.

El mejor camino es explotar todas las cualidades posibles de los actores. Los personajes se asignarán siguiendo esta lógica, y se adaptarán al actor en la medida de sus capacidades.

Al trabajar con actores no profesionales, es importante partir de sus habilidades y no de las exigencias de la obra o de los personajes. De este modo, aumentarán las probabilidades de generar un espectáculo de calidad.

Llevar a los actores a superar sus barreras imaginativas

Debido a cuestiones culturales e históricas, las personas suelen limitar su imaginación. Generalmente se da a los objetos un solo uso, y a las situaciones, una sola explicación.

Es necesario llevar al elenco a desarrollar su creatividad a través de circunstancias que generen conflicto, y por medio del juego. Estas dos técnicas facilitan la apertura mental y conducen a los actores a generar nuevas ideas.

Conectar al actor con su personaje por medio de sus propias experiencias

No resulta sencillo representar un personaje, en especial cuando se trata de actores no profesionales. El reto es conducir al actor en el proceso de creación del personaje, culminando en la interpretación del mismo.

Un buen puente entre la realidad del personaje (época, impulsos, objetivos, obstáculos) y la del intérprete son las experiencias personales. En otras palabras, los elementos humanos del personaje serán identificados por el actor, de modo que pueda apropiarse de ellos.

Es importante que este proceso lleve al actor a la identificación con el personaje, no a la confusión de identidades. Tampoco es recomendable presentar el teatro como terapia, a menos que el director esté capacitado para ello. La identificación es necesaria, y se debe mantener siempre la distancia adecuada entre la realidad del actor y la del personaje.

Utilizar el análisis dramático y la terminología teatral conforme se vayan necesitando

Una tentación común para el director que trabaja con aficionados es querer impartirles horas y horas de teoría actoral y análisis dramático antes de comenzar a trabajar. Este proceso pocas veces resulta provechoso, puesto que el conocimiento que no se aplica es fácilmente olvidado. Como consecuencia, cuando el director se maneja de esta forma, pierde mucho tiempo repitiendo la información.

Lo más recomendable es avanzar sobre el escenario, y explicar los conceptos de acuerdo con las necesidades del montaje. Es necesario realizar un análisis de los personajes y de la obra antes de iniciar el montaje, pero no se debe hacer demasiado extenso. Una o dos sesiones serán suficientes. El resto del análisis se hará sobre la marcha.

Proponer retos a cada actor para impulsarlo

La observación personalizada de cada actor debe también llevar como meta la asignación de retos para cada uno. Los retos ayudan para estimular áreas que el actor no había trabajado previamente. Sirven también para forjar en ellos mayores habilidades y capacidades actorales.

Los retos deben ser siempre realistas y enfocados, es decir, el director evaluará retos posibles para cada actor, y los llevará a cabo con un objetivo específico. Aunque la naturaleza de los retos es la de sacar al actor de su comodidad y desarrollar nuevas facultades, el director debe ser cuidadoso para que no resulte contraproducente.

Por otro lado, los retos animan y estimulan al crecimiento, por lo que son un muy buen camino para lograr las metas del montaje.

Dirigiendo aficionados

En conclusión, es importante ver a los actores no profesionales como personas que están desarrollando sus habilidades escénicas.

El director debe mantener siempre un sano equilibrio entre el avance de cada miembro del elenco, al tiempo que prioriza las metas de la obra que se está montando.

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