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El director teatral, el diseño escénico y los cinco sentidos

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Existen múltiples maneras de diseñar un espectáculo teatral. También hay diferentes formas de organizar o catalogar los elementos escénicos necesarios para proceder al diseño.

A continuación, presentamos un ángulo, o punto de vista, desde el cual concebir el diseño: la percepción sensorial. Debido a que el espectador consumirá el espectáculo por medio de sus sentidos (por lo menos algunos), encontramos que será de beneficio para el director pensar su propuesta teatral a partir de éstos.

Diseño visual

La vista es el canal de percepción que más obviamente se relaciona con el teatro. Es por ello que el director —junto con su equipo de diseñadores— debe concebir claramente aquello que el espectador verá a lo largo del espectáculo.

En términos habituales podríamos hablar de vestuario, escenografía, utilería, atrezzo, iluminación… En efecto, estos elementos están incluidos dentro de esta categoría. Sin embargo, al plantearse desde la percepción visual, nos encontramos con factores como color, luz, oscuridad, texturas, ritmo visual, movimiento, acción y quietud, entre otros.

Por otro lado, las características físicas de los actores aportan también estímulos visuales para el espectador. Su estatura, complexión, color de piel, peinado y expresión gestual se combinan con los demás elementos visuales, y producen diversas sensaciones y apreciaciones en el auditorio.

La composición visual debe, además, tomar en cuenta la naturaleza activa del teatro. En palabras del cineasta Andrei Tarkovski, se trata de esculpir en el tiempo. La acción, los movimientos, la velocidad y la quietud son percibidos por la vista, y contribuyen a comunicar gran parte del discurso escénico.

El director considera los estímulos visuales que se provocarán en el espectador, y el significado que desea colocar en ellos. El trabajo con imágenes y composición debe ser diseñado intencionalmente para producir las reacciones buscadas.

Diseño sonoro

Por medio del oído, el espectador capta una gran cantidad de los estímulos producidos sobre el escenario. Cada elemento que ha de ser percibido auditivamente se debe diseñar con detalle y delicadeza.

Este aspecto del diseño incluye sonidos, ruidos, música, voz, silencios, tempo, ritmo, volumen, tesituras, etcétera. Ya que incluso las voces de los actores forman parte de la experiencia sonora del auditorio, es necesario que se integren deliberadamente al diseño escénico.

Todas las sensaciones sonoras que el espectador percibe durante el espectáculo configuran su experiencia estética y se incorporan a su apreciación general del espectáculo. Es importante diseñar cada elemento intencionalmente. Todo aquello que escapa al control del director deberá ser considerado conscientemente, buscando sacarle provecho.

Diseño sensorial específico

En este apartado agrupamos tacto, olfato y gusto, ya que habitualmente no se producen estímulos para estos sentidos.

Aspectos como sabores, aromas, texturas, cambios de temperatura, contacto físico, presión, etcétera, forman ocasionalmente parte de una puesta en escena. Generalmente se incluyen para invadir el espacio del espectador, rompiendo la cuarta pared. Sin embargo, no sólo se presentan en propuestas arriesgadas, también tienen cabida en diseños más conservadores o realistas.

El valor de considerar estos canales sensoriales radica en que generalmente no se toman en cuenta, aun cuando pueden aportar gran valor estético en el diseño teatral. Cuando son usados como refuerzo de algún estímulo más convencional, acentúan su efectividad y suelen contactar la percepción inconsciente de los espectadores.

El punto de vista del receptor

Como es posible observar, este ángulo para concebir el diseño coloca al espectador en el centro de su quehacer, de modo que organiza cada elemento en torno al receptor final del espectáculo. Esto nos parece una gran cualidad, pues obliga al creativo a salir de su propia forma de ver su trabajo y a repensarlo todo en función del público. Además, permite replantear el valor escénico de cada elemento compositivo de la puesta en escena, buscando producir una experiencia estética más profunda y envolvente.

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