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El uso de los símbolos en el diseño escénico

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La ruptura con el arte figurativo comenzó en las artes plásticas, e influyó fuertemente la producción teatral a través de los ismos o vanguardias del siglo XX. Si bien los contenidos simbólicos forman parte del teatro por definición, aquí nos referimos a una manifestación más intencionada y consciente por parte de los realizadores.

El manejo de símbolos se puede abordar desde cualquiera de las áreas del quehacer escénico: dramaturgia, actuación, iluminación, vestuario, utilería o musicalización, por mencionar algunas. Todo estímulo producido sobre el escenario es susceptible de adquirir valor simbólico, lo cual ofrece un espectro casi infinito de posibilidades semióticas para el director teatral.

El valor de los símbolos para el desarrollo dramático de la puesta en escena

El manejo simbólico maximiza las reacciones del espectador ante los diversos estímulos generados durante el hecho escénico. Esto es así gracias a la naturaleza asociativa de la percepción humana.

Todo signo apunta a un referente, es decir, el objeto concreto al que se alude con dicho signo. En el teatro, el espectador experimenta el mismo proceso, trayendo a su mente los referentes que se relacionan con los signos y símbolos que se presentan delante de sus ojos.

Cada espectador traerá a su memoria objetos o situaciones concretas de acuerdo con sus experiencias. Esto se puede aprovechar al tratar temas universales como la muerte, la fe, la soledad, el amor, la belleza o la codicia. La función del símbolo es sugerir, que no mostrar; lo cual obligará al espectador a complementar la sugerencia con sus propios referentes. De este modo, el efecto logrado se multiplica al hacer conexión directa con las ideas y percepciones individuales de cada espectador.

Por otro lado, el buen espectador agradece y disfruta más los espectáculos teatrales que le permitan el placer de descubrir lo que se esconde debajo de la superficie: ese momento grato y delicioso en que se comprende (con la mente y las entrañas) el significado detrás del símbolo.

Cómo generar un símbolo en escena

El símbolo contiene una serie de significados que se le asignan arbitrariamente. Este proceso de “cargar de significado” se logra mediante la asociación de eventos y la repetición de los mismos. Para que un objeto en escena pueda simbolizar otra realidad cualquiera, es necesario presentar juntos el símbolo y su referente en varios momentos del drama.

Otro mecanismo es construir el símbolo a partir de asociaciones preexistentes en el imaginario colectivo. La mayoría de estas asociaciones tendrán relación con valores universales, o locales pero compartidos por la generalidad del auditorio.

Cómo utilizar los símbolos de manera efectiva

Uno de los usos más básicos del símbolo es la escenificación de realidades superlativas, como lo más bello, lo más terrible o lo más deseable. Estos calificativos aplicados a personajes, objetos o situaciones se debilitarían si el director decidiera mostrarlos de manera literal.

Por el contrario, cuando el diseño se vale de los símbolos, puede plasmar dichas descripciones en forma no figurativa, llevando al espectador a generar las imágenes y sensaciones, de acuerdo con su propia experiencia, que le permitan percibir dicho elemento de tal o cual manera.

El símbolo puede funcionar también para sintetizar en una sola imagen un número considerable de significados. Esta estrategia se utiliza especialmente en momentos clave de la obra, por ejemplo, en el clímax o en el desenlace. Generar un símbolo y desarrollarlo mientras se suceden las escenas permite expresar, de forma muy breve, una gran cantidad de material emotivo. Con ello se logra multiplicar en mucho la fuerza de esos momentos, y llegar a lo profundo del espectador.

Cada cabeza, un mundo; cada mundo un espectáculo

La gran ventaja del diseño escénico simbólico, en oposición con el figurativo, radica en que cada espectador complementará en su mente todos los estímulos y sensaciones que se le ofrecen sobre el escenario.

Esto incrementa las posibilidades de identificación y conmoción por parte del auditorio, además de facilitar la apropiación del espectáculo y generar múltiples puntos de vista y análisis de la obra teatral. El público realiza también una labor creativa al complementar la puesta en escena con su propio material emotivo o sensorial.

Todos estos elementos producen una sensación única y emocionante. Es entonces cuando sucede aquello que mantiene vivo al teatro; cuando sucede lo indescriptible, inmaterial y memorable; es cuando ocurre esa experiencia única conocida como la magia del teatro.

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